El autor de este contenido es
Marcelo Prates, Policy Director en Stellar Development Foundation,
experto en políticas públicas y derecho, investigador y ex regulador, experto en innovación financiera, pagos y activos digitales.
Fue publicado originalmente en el blog de Stellar
La creciente adopción institucional de blockchains públicas para actividades financieras ha intensificado el debate sobre cómo habilitar la privacidad en redes abiertas. La idea puede sonar, en un principio, como un intento tardío de reconciliar dos objetivos contradictorios.
Pero en realidad es la evolución de una discusión que comenzó con el propio White Paper de Bitcoin, que incluye una sección dedicada a la privacidad.
El planteo general es que las personas que pagan compras cotidianas con activos digitales corren el riesgo de revelar su historial de transacciones y saldos actuales a cualquier comerciante. O que las instituciones que operan onchain podrían estar exponiendo información estratégica de negocio que cualquier competidor podría ver.
Pero, ¿cuál es exactamente el origen del problema de privacidad en las blockchains abiertas? ¿Y cómo puede resolverse?
Datos onchain y off-chain
Las blockchains públicas son intrínsecamente transparentes, una característica que las convierte en un mal vehículo para actividades ilícitas. Todas las transacciones con activos digitales quedan registradas en la blockchain, que revela al menos las direcciones públicas del remitente y del receptor, el activo intercambiado y el monto correspondiente. Y esta información puede encontrarse y visualizarse fácilmente por cualquier persona a través de un explorador de bloques disponible en línea.
Sin embargo, por sí sola, la transparencia de la blockchain no genera problemas de privacidad. Las direcciones públicas del remitente y del receptor están representadas por una cadena de letras y números que no contiene información sobre su identidad. Desde esa perspectiva, la seudonimidad de la blockchain proporciona confidencialidad transaccional por defecto.
Esta realidad cambia cuando la información onchain se combina con datos off-chain que pueden llevar a la identificación del remitente y del receptor. Y se vuelve problemática cuando esta combinación de datos ocurre en violación de las leyes de protección de datos y privacidad financiera aplicables a cualquier transacción financiera.
Por razones de cumplimiento normativo, especialmente en relación con las reglas contra el uso criminal de fondos (marco AML/CFT), algunas instituciones están obligadas a realizar esta combinación de datos independientemente de si la transacción se realiza en infraestructuras tradicionales o en blockchain. Los emisores de activos regulados y los exchanges centralizados, por ejemplo, deben recopilar datos off-chain que les permitan saber con quién interactúan onchain.
Excepto por estas instituciones con obligaciones de cumplimiento, nadie más debería poder realizar esta combinación de datos e identificar a la persona o institución detrás de las direcciones públicas seudónimas. La expectativa es que las transacciones permanezcan confidenciales.
Sin embargo, las transacciones en blockchain tienen una característica específica que diferencia este debate sobre privacidad: cuando las partes transaccionan onchain, revelan sus direcciones públicas entre sí.
A partir de ese momento, el remitente sabe qué dirección pública está asociada con el receptor y viceversa. Con esa información en mano, tanto el remitente como el receptor pueden ver no solo todas las transacciones pasadas y futuras asociadas con esa misma dirección pública, sino también los saldos de todos los activos vinculados a ella.
El remitente y el receptor terminan rompiendo la confidencialidad de sus transacciones privadas mediante una especie de “auto-doxeo” (self-doxxing).
Esta situación puede parecer inofensiva para quienes utilizan una billetera custodial vinculada a una cuenta institucional que agrupa activos bajo una única dirección pública, como hacen algunos exchanges centralizados.
Pero será perjudicial para cualquier usuario que elija gestionar sus activos digitales mediante billeteras no custodiales o que tenga sus tenencias e historial de transacciones asociados a direcciones públicas individualizadas, incluso cuando el usuario cree una nueva dirección pública para cada transacción (“direcciones desechables” o de “un solo uso”), ya que estas pueden vincularse inevitablemente a una dirección conocida.
El “auto-doxeo” es, por lo tanto, el problema distintivo que debe resolverse para habilitar la privacidad en blockchains abiertas. Y cualquier esfuerzo por encontrar una solución en este caso debe equilibrar dos objetivos, especialmente para impulsar la adopción institucional: crear confidencialidad sin dejar de permitir el cumplimiento normativo.
Construir privacidad onchain
Una solución institucional viable para la privacidad onchain deberá entonces responder dos preguntas fundamentales: quién proporcionará la solución de privacidad que permita a los usuarios añadir confidencialidad a una transacción, y quién será responsable de revelar la información confidencial cuando sea necesario para fines de cumplimiento.
Para los activos regulados, como las stablecoins y los valores tokenizados, “el emisor” podría ser la respuesta natural a ambas preguntas, ya que es una entidad regulada con obligaciones de cumplimiento en relación con sus contrapartes. Si los emisores deberían ser los únicos árbitros de la privacidad en este caso es una cuestión que aún debe explorarse.
Para los activos no regulados, especialmente aquellos sin emisor, como la mayoría de los tokens de red o de utilidad, las respuestas requerirán mayor análisis. Una solución de privacidad externa, como los “privacy pools”, podría ser ofrecida por proveedores regulados o no regulados. Pero sigue abierto el debate sobre quién debería ser responsable de divulgar la información confidencial a los reguladores y autoridades públicas cuando sea necesario.
Hay algo que sí es seguro: construir privacidad onchain es crítico. El próximo gran salto en la adopción de blockchain depende de combinar los beneficios de redes abiertas y transparentes con la privacidad que las personas e instituciones esperan de sus servicios financieros cotidianos.





