- El Senado de los Estados Unidos no logró los 60 votos para avanzar con la ley de estructura de mercado más esperada de la industria cripto
- Tras más de un año de negociaciones y 126 cambios incorporados a pedido de la oposición, el resultado terminó en 50-49
El 15 de septiembre, el Senado de Estados Unidos votó para invocar la moción de cloture sobre el Digital Asset Market Clarity Act, la ley que busca repartir de una vez la supervisión del mercado cripto entre la SEC y la CFTC.
El resultado —50 a favor, 49 en contra— quedó diez votos por debajo del umbral necesario. No fue un rechazo a la sustancia de la ley: fue una negativa a siquiera abrir el debate formal.
Lo llamativo es que la CLARITY Act llegó al recinto con apoyo previo. Había salido del Comité Bancario del Senado con un resultado de 15-9 en mayo, y sus impulsores republicanos aseguraban haber incorporado 126 cambios sustantivos pedidos por los demócratas. Aun así, ningún demócrata votó para avanzar. Estas son las cinco líneas de fractura que explican por qué.
1. La ley terminó siendo vista como un referéndum sobre los negocios cripto del Presidente
El obstáculo más grande no tenía que ver con la clásica disputa entre SEC y CFTC, sino con algo que el debate original de estructura de mercado nunca estaba diseñado para resolver: si un presidente en funciones puede tener intereses financieros sustanciales en una industria que su propio gobierno regula.
Según su declaración patrimonial, Trump reportó más de 1.400 millones de dólares provenientes de negocios cripto en 2025. Ese dato cambió por completo la política alrededor de la CLARITY Act: para varios senadores demócratas que en otro contexto habrían apoyado un marco de estructura de mercado, la pregunta dejó de ser qué agencia regula qué activo, y pasó a ser si el Congreso podía reescribir las reglas de una industria mientras el presidente mantenía semejante exposición financiera a ella.
Los republicanos intentaron cerrar esa brecha incorporando gran parte del marco de ética Tillis-Gallego y ampliando el rol de los fiscales generales estatales en materia de enforcement. Para los demócratas, esas salvaguardas no alcanzaron: su contrapropuesta de último momento pedía, entre otras cosas, que un presidente estuviera obligado a desprenderse de sus activos al superar cierto umbral.
2. Se convirtió en una pelea por los depósitos bancarios
Buena parte de la resistencia no tuvo nada que ver con bitcoin ni con la clasificación de tokens, sino con algo mucho más terrenal: los depósitos bancarios. Si las stablecoins de pago pueden ofrecer recompensas o rendimientos similares a intereses, los bancos temen una fuga de depósitos hacia el mundo cripto, con impacto directo en el crédito hipotecario, agrícola y a pequeñas empresas.
Las 77 asociaciones bancarias estatales, junto con la American Bankers Association y la Independent Community Bankers of America, presionaron a los senadores para endurecer las disposiciones sobre stablecoins antes de la votación. El texto final le dio al Departamento del Tesoro la potestad de intervenir si los incentivos de las stablecoins generaban una fuga de depósitos dañina —una especie de «disyuntor» regulatorio—, pero los bancos objetaron que el mecanismo actuaría demasiado tarde. El republicano Josh Hawley, que terminó votando en contra, planteó preocupaciones puntuales sobre el crédito agrícola, lo que confirma que esta fractura no fue estrictamente partidaria.
3. Dejó de ser una ley «solo sobre cripto»
Otro frente, menos visible que la disputa por la ética presidencial, tuvo que ver con el temor de que la ley terminara afectando también a los activos financieros tradicionales. La senadora Elizabeth Warren argumentó en el recinto que ciertas disposiciones podrían permitir que empresas ajenas al mundo cripto llevaran activos a blockchain para eludir protecciones que hoy aplican bajo la ley de valores, además de objetar la ampliación de las facultades de los bancos para operar con activos digitales, incluyendo préstamos garantizados con cripto y derivados.
Los defensores de la ley respondieron que, por el contrario, creaba barreras regulatorias y protecciones al consumidor más claras. Pero el debate en sí mismo reveló algo importante: cuanto más se acerca el mundo cripto a las finanzas tradicionales, más difícil resulta escribir una ley que sea «solo sobre cripto».
4. Más de 100 concesiones no alcanzaron para armar una coalición
Quizás lo más paradójico del fracaso es cuánta negociación lo precedió. El texto final incorporaba 126 cambios pedidos por los demócratas en materia de ética, stablecoins, protección a desarrolladores, resguardos al consumidor y enforcement. Y aun así, ningún demócrata votó a favor de avanzar, incluidos senadores que se consideraban potencialmente ganables, como Kirsten Gillibrand, Catherine Cortez Masto, Angela Alsobrooks, Cory Booker y Mark Warner.
Tampoco los republicanos mantuvieron un bloque unido: Susan Collins, Josh Hawley y Jerry Moran votaron en contra, y Thom Tillis registró un «no» que —según explicó luego— fue puramente procesal, para preservar la posibilidad de pedir una reconsideración del voto. La cantidad de concesiones negociadas sugiere que el problema ya no eran cláusulas puntuales intercambiables una por una: cada tema nuevo que entraba a la mesa —stablecoins, DeFi, responsabilidad de desarrolladores, banca, ética, seguridad nacional— sumaba una constituencia más que podía considerar insuficiente el texto final.
5. El Senado se quedó sin tiempo político
El quinto factor puede terminar siendo tan decisivo como cualquier cláusula del texto. El Congreso se prepara para dejar Washington antes de las elecciones legislativas de noviembre, lo que redujo drásticamente la ventana disponible. Cuando falta tiempo antes de un receso electoral, avanzar con un paquete regulatorio de más de 600 páginas se parece mucho más a aceptar el marco tal como está que a abrir una negociación. El texto republicano final se conoció apenas horas antes del voto, y la contrapropuesta demócrata llegó la noche anterior: no hubo margen para cerrar un acuerdo.
El mercado reaccionó, pero de forma desigual
.Key Data
10%
Fue la caída aproximada de XRP tras el fracaso de la votación en el Congreso estadounidense.
8%
Retrocedieron las acciones de Coinbase, una baja mayor que la observada en los principales criptoactivos.
US$450,4 millones
Salieron de los ETF spot de bitcoin en Estados Unidos durante la jornada, liderados por los fondos de Fidelity y BlackRock.
1,5%
Fue el descenso de bitcoin, muy por debajo de las pérdidas registradas por otros activos del sector.
¿Está realmente muerta la ley?
No del todo. La GENIUS Act también fracasó en una primera votación de cloture en mayo de 2025 y luego fue reconsiderada y aprobada. Si la CLARITY Act puede repetir ese camino es otra pregunta —el calendario antes de las elecciones de medio término es mucho más ajustado—, pero mientras tanto, la definición sobre quién regula el mercado cripto en Estados Unidos vuelve a quedar en manos de la SEC y la CFTC, vía reglamentación de agencia en lugar de ley del Congreso.




