- El Panorama Anual de Inclusión Financiera 2025 confirma que México avanza en acceso y uso del sistema financiero
- Pero también revela que género, territorio y nivel socioeconómico siguen definiendo quiénes participan plenamente y quiénes quedan al margen
El sistema financiero mexicano cerró 2024 con más infraestructura, más cuentas y un mayor uso de pagos digitales. Sin embargo, detrás de estos avances, el Panorama Anual de Inclusión Financiera 2025 que publica la CNBV revela una realidad más compleja: el crecimiento no ha sido homogéneo y las brechas siguen marcando quiénes acceden plenamente al sistema y quiénes no.
Según el informe, el número de cuentas financieras por cada 10 mil personas adultas pasó de 12 970 en 2018 a 17 307 en 2024, superando incluso la meta establecida para ese año. En términos agregados, las cuentas de captación crecieron 10% en un solo año, al pasar de 162.6 millones en 2023 a 178.9 millones en 2024.
También aumentó con fuerza el uso del sistema financiero: el número de créditos otorgados subió 16 %, al alcanzar 81.6 millones, mientras que las transacciones electrónicas per cápita anuales casi se triplicaron respecto a 2018, pasando de 37 a más de 100 operaciones por persona.
Infraestructura en expansión
El crecimiento se explica, en parte, por la ampliación de la infraestructura. Al cierre de 2024, México contaba con 18.295 sucursales bancarias, un aumento de 1% respecto al año anterior. Casi 99% de la población adulta vive en municipios con al menos una sucursal, impulsado principalmente por la expansión del Banco del Bienestar, que ya concentra más de 3 100 sucursales.
Los corresponsales bancarios también crecieron con rapidez con un aumento de 8%. A esto se suma el avance en cajeros automáticos, que llegaron a 69 126, y en terminales punto de venta, que superaron los 6.5 millones, con un crecimiento anual del 6 %.
Mujeres: avance en cuentas, rezago en otros productos
Uno de los capítulos centrales del informe es el análisis con perspectiva de género. En 2024, las mujeres representaron 51.9% del total de cuentas, una mejora marginal frente al 51.7 % del año previo. La brecha de género en la tenencia de cuentas se redujo hasta ubicarse en –0.9 puntos porcentuales, lo que indica paridad estadística en este indicador.
Sin embargo, el acceso no es igual en todos los productos. Solo 21 % de las mujeres adultas reportó tener una cuenta de ahorro para el retiro, frente al 29 % de los hombres, una brecha que se mantiene prácticamente sin cambios desde 2020. En materia laboral, aunque 53 % del personal del sector financiero son mujeres, apenas 34 % ocupa puestos de alta dirección, mostrando que la inclusión no se traduce automáticamente en poder de decisión.
Vulnerabilidad territorial y social
El informe también señala avances desiguales entre territorios. La brecha urbana-rural en la tenencia de productos financieros se redujo de 15.1 a 7.5 puntos porcentuales, un progreso relevante, pero todavía lejos de una inclusión plena. En municipios con mayor rezago social, el acceso a créditos, seguros y ahorro para el retiro sigue siendo considerablemente menor.
En paralelo, creció el uso de herramientas de protección financiera. Las visitas a comparadores de productos financieros casi se duplicaron desde 2018 y alcanzaron 93.8 visitas por cada 10 mil adultos, superando la meta anual, lo que sugiere una mayor conciencia de los derechos financieros, aunque todavía concentrada en ciertos segmentos de la población.
El desafío más allá de los números
El Panorama 2025 muestra un sistema financiero más grande y más utilizado, pero deja una advertencia clara: la inclusión medida en cifras no siempre equivale a inclusión efectiva. El reto hacia la nueva Política Nacional de Inclusión Financiera 2026–2030 no será solo seguir creciendo, sino cerrar las brechas de género, territorio y condición social que aún limitan el acceso real a los beneficios del sistema.
En otras palabras, el país avanza en inclusión financiera, pero el desafío de fondo sigue siendo para quiénes avanza y a qué ritmo.





