Durante años, Open Finance en México fue sinónimo de una palabra: obligación. El Artículo 76 de la Ley Fintech de 2018 marcó la pauta y, mientras la regulación secundaria no llegaba, la conversación del ecosistema giró casi exclusivamente en torno al riesgo, la seguridad y el cumplimiento.
Este eje se movió en el panel «Finanzas abiertas como negocio, no sólo como mandato regulatorio«, realizado en Fintech Summit Americas 2026 y moderado por Yael Sarabia, directora de Open Data en Syncfi, junto a Angélica Arana(cofundadora de Open Finance Tribe México), Santiago Espinoza (Director de Digital Banking Solutions para Latinoamérica en Fiserv) y Yolanda Pérez Maciel (Directora de Asuntos Públicos en Belvo y coordinadora del Comité de Open Finance de Fintech México).
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Aquí, las principales conclusiones:
1. El verdadero mito a derribar no es el riesgo, es el desconocimiento
A la pregunta de cuál mito del Open Finance debería desaparecer, las tres panelistas coincidieron en una misma raíz: el miedo a lo que no se conoce. Para Yael Sarabia, la falta de información sobre quiénes participan y qué pueden ofrecer frena la adopción del lado del usuario. Yolanda Pérez Maciel lo llevó al terreno técnico: los estándares y las APIs que rigen un Open Finance regulado están construidos, precisamente, sobre la seguridad. Y Angélica Arana sumó la pieza que suele generar más desconfianza —el consentimiento— recordando que el usuario conserva la autonomía para otorgarlo y revocarlo, tan fácil como hoy se autentica con una cuenta de Google.
Desde 2018
México cuenta con una base legal para Open Finance. El Artículo 76 de la Ley Fintech estableció el marco hace más de ocho años, pero la implementación sigue a la espera de regulación secundaria.
2. El punto de inflexión llegó cuando las instituciones dejaron de compartir «por obligación»
Angélica Arana ubicó el cambio de mentalidad en un momento preciso: cuando las instituciones financieras superaron el temor a la asimetría —compartir datos sin obtener nada a cambio— y la presión regulatoria dejó de sentirse inmediata. Ahí empezaron a ver el beneficio de integrarse vía APIs con múltiples jugadores, a volver más ágiles ciertos servicios y, finalmente, a identificar dónde ese intercambio podía generar retorno. Según Arana, hoy ya hay grandes instituciones que ofrecen integraciones estandarizadas y las monetizan activamente.
3. Lo que de verdad convence a un consejo directivo: un caso de negocio con P&L, no una promesa tecnológica
Fue quizás el punto más contundente del panel. Para Angélica Arana, compartir datos sigue siendo la parte más resistida de cualquier propuesta, sobre todo frente al temor de que las big tech capturen valor sin reciprocidad. Su conclusión: sin un caso de negocio con pérdidas y ganancias claras —sin un ROI identificable y una estructura de ejecución sólida— es «difícil convencer» a un consejo. Los proyectos que se lanzan sin esa estructura, advirtió, terminan en fracaso y generan el efecto contrario: la próxima propuesta de Open Finance encuentra la puerta cerrada.
Santiago Espinoza coincidió desde el lado tecnológico: no basta con tener los datos, la última tecnología o una buena idea. La diferencia entre una institución que solo «habilita tecnología» y otra que genera valor real está en la inteligencia aplicada sobre ese dato —gobernanza, minimización de la información solicitada y capacidad de anticipar el producto que el usuario necesita en cada momento de su vida.
Dato clave:
Los panelistas señalaron el mismo requisito para escalar Open Finance como negocio: un caso de uso con retorno de inversión medible, no solo cumplimiento normativo.
4. La fricción entre bancos y fintechs ya no es la regulación, es el desfase de tiempos
Angélica Arana fue enfática al desmontar otra idea instalada: la colaboración banco-fintech no es nueva ni está bloqueada por falta de voluntad. El problema, dijo, es la asimetría en el apetito de riesgo: una fintech con una propuesta prometedora puede quedar meses «empantanada» atravesando las áreas de riesgo y legal de un banco, mientras la ventana de oportunidad se cierra. La causa de fondo es una incompatibilidad de tiempos —procesos bancarios largos frente a la velocidad con la que una fintech necesita mostrar resultados y flujo de caja— más que un desacuerdo sobre el fondo del negocio.
5. El caso de uso que ya demuestra impacto: crédito más rápido, más barato y con menos papeleo
Yolanda Pérez Maciel eligió el ejemplo más citado del sector: el acceso al crédito basado en datos abiertos. Al conectar la información dispersa en varias cuentas de un usuario, una institución puede construir un análisis de riesgo mucho más completo que el basado en una sola relación bancaria. El resultado, según describió, es doble: el usuario puede acceder a mejores tasas y condiciones —o ser advertido a tiempo si ya está sobreendeudado— y la institución reduce su riesgo al prestar con mayor certeza. Todo esto, además, en menos tiempo y sin el papeleo tradicional, porque el dato ya viaja autorizado por el propio usuario.
4 referentes del ecosistema
El debate reunió representantes de Open Finance Tribe México, Belvo, Fintech México, Syncfi y Fiserv, combinando perspectivas regulatorias, tecnológicas y de infraestructura financiera sobre el futuro del Open Finance en el país.





