- En las gasolineras serán obligatorios los pagos digitales en México, el sexto país del mundo donde más se usa efectivo
- La 89ª Convención Bancaria en Cancún dejó una agenda ambiciosa: pagos, crédito ampliado para pymes en un país que aún mueve el 80% de sus transacciones en cash
La semana pasada, en el resort Ava de Cancún, se reunieron más de mil líderes del sector financiero, funcionarios de gobierno y especialistas para la 89ª Convención Bancaria organizada por la Asociación de Bancos de México (ABM). El lema del encuentro —»Innovando la banca, construyendo el futuro«— no fue solo una frase de ocasión: la presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó la inauguración para anunciar una de las medidas más concretas en materia de digitalización financiera de su gobierno.
Antes de que termine 2026, gasolineras y casetas de peaje en autopistas federales solo podrán recibir pagos digitales. El efectivo, en esos dos puntos de alta transaccionalidad, quedará fuera. La medida se implementará en coordinación con la banca privada y, según Sheinbaum, busca ser el catalizador de una digitalización más amplia de la economía.
El problema de fondo
El anuncio cobra sentido cuando se analizan los números. México es el sexto país del mundo donde más se usa efectivo, con el 80% de las transacciones diarias ejecutadas con dinero físico, según la Asociación de Bancos de México y el Forex Cash Index 2025. Para encontrar un contexto más extremo hay que ir a Etiopía, Pakistán o Cuba.
Los datos oficiales del Banco de México son igual de elocuentes: el 91% de la población acostumbra usar efectivo en sus gastos diarios, de acuerdo con el Estudio Cuantitativo y Cualitativo sobre Efectivo 2024. Y la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), elaborada por el INEGI y la CNBV, precisa aún más el panorama: el 85,2% de los mexicanos paga en efectivo en compras de hasta 500 pesos, y ese porcentaje baja —aunque sigue siendo alto— al 73,5% en compras mayores.
Lejos de menguar, la demanda de dinero físico creció el año pasado. Durante 2025, la circulación de billetes y monedas aumentó un 7,6% anual, cerrando el año con un saldo total de 3,5 billones de pesos. Las razones son culturales, pero también estructurales: el miedo a la fiscalización, la desconfianza en los canales digitales y las barreras de acceso en zonas rurales siguen siendo factores determinantes.
Más allá del debate
Los pagos digitales obligatorios fueron el titular más llamativo, pero no el único tema de fondo en la convención.
El presidente de la ABM, Emilio Romano, anunció una proyección de 4,5 billones de pesos para financiar proyectos públicos y privados.
En materia de inclusión financiera, se reportaron avances en la apertura de 11 millones de cuentas de manera remota, un mecanismo que facilita el acceso de personas y pequeñas empresas al sistema formal sin necesidad de ir a una sucursal. Para 2030, la banca se comprometió a que el 30% de las pymes cuenten con financiamiento bancario, para lo cual planea destinar 1,4 billones de pesos en crédito adicional solo este año.
La agenda también incluyó el uso de inteligencia artificial en sistemas de pago y la educación financiera como herramienta de desarrollo social, dos ejes que cada vez más se ven como precondiciones para que la digitalización no profundice desigualdades existentes.
En cuanto al rol del Banco de México, la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja fue clara: el sistema bancario debe mejorar sus herramientas de transferencias y pagos digitales, como el SPEI y el CoDi, para acercar a más personas a una mayor participación económica. Banxico, además, lanzó una consulta pública para conocer la experiencia real de los usuarios al hacer transferencias desde el celular.
Los desafíos de la medida
La obligatoriedad del pago digital en gasolineras y casetas es una apuesta de alto impacto, pero no exenta de tensiones. Entre quienes más dificultades tendrían si dejara de poder pagarse en efectivo se encuentran comunidades rurales, personas mayores, sectores de bajos ingresos y quienes no tienen buen acceso a Internet. Los propios datos de Banxico muestran que casi uno de cada cinco usuarios de efectivo lo usa simplemente porque es su única forma de pago disponible.
Brasil y Chile llevan ventaja: en esos países el efectivo ya bajó al 17% y al 18% de las transacciones en punto de venta respectivamente, mientras que en México sigue siendo el medio dominante en tiendas físicas. La medida anunciada por Sheinbaum puede ser un punto de inflexión, siempre que vaya acompañada de una estrategia que no deje afuera a quienes hoy dependen del efectivo no por hábito, sino por necesidad.





