Las stablecoins mueven más dinero que varias economías nacionales

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  • Con más de 150 mil millones de dólares en circulación, dejaron de ser un nicho cripto
  • Pagos, remesas y dólares digitales explican su crecimiento silencioso

stablecoinsLas stablecoins dejaron de ser una herramienta técnica para traders y pasaron a jugar en otra liga. Según el informe de Coinbase, hoy circulan más de 150.000 millones de dólares en stablecoins, una cifra que ya las ubica al nivel del PBI anual de varios países medianos. Pero el dato más relevante no es el stock, sino el flujo: billones de dólares se mueven cada año a través de estas monedas digitales.

  • Las direcciones activas de stablecoins pasaron de 19,6 millones en febrero de 2024 a más de 30 millones en febrero de 2025, un crecimiento del 53%.

  • El volumen anual de transferencias de stablecoins alcanzó aproximadamente 35 billones de dólares en 2024, más del doble del volumen de Visa.

  • En el tercer trimestre de 2025, solo el volumen de transferencias fue de USD 15,6 billones.

Durante mucho tiempo, las stablecoins fueron tratadas como un producto más del ecosistema cripto. El nuevo diagnóstico es distinto. Para Coinbase, están funcionando cada vez más como infraestructura financiera básica, especialmente en pagos internacionales, remesas y economías con monedas débiles.

De herramienta cripto a riel de pagos global

El informe destaca que el uso de stablecoins ya no está atado al ciclo especulativo del mercado cripto. Mientras los precios de Bitcoin y Ether suben y bajan, las stablecoins siguen creciendo en adopción y volumen de transacciones.

Hoy se usan para:

  • Enviar dinero entre países en minutos, no días

  • Reducir costos en pagos transfronterizos

  • Operar como “dólar digital” en países con inflación alta

  • Liquidar operaciones entre empresas sin pasar por bancos corresponsales

En algunos corredores, mover dólares vía stablecoins resulta más rápido y más barato que hacerlo a través del sistema financiero tradicional. Ese diferencial explica por qué su adopción avanza incluso entre usuarios que no invierten en cripto ni se consideran parte del ecosistema.

Un dólar digital sin permiso

Más del 90% del mercado de stablecoins está vinculado al dólar. En la práctica, eso creó una versión del dólar que circula globalmente, 24/7 y sin intermediarios bancarios.

Para millones de personas en América Latina, África o Asia, las stablecoins cumplen una función concreta: acceder al dólar sin cuenta bancaria en Estados Unidos. El informe subraya que este uso, inicialmente informal, ya tiene una escala difícil de ignorar.

No se trata solo de ahorro. También se usan para cobrar trabajos remotos, pagar proveedores internacionales o enviar remesas familiares. En muchos casos, reemplazan a sistemas caros y lentos que siguen dominando el comercio internacional.

Regulación: el punto de inflexión

Uno de los ejes más fuertes del capítulo es el cambio de clima regulatorio. Coinbase señala que el debate ya no gira en torno a si regular o no, sino cómo hacerlo.

En Estados Unidos y otras jurisdicciones, los nuevos marcos buscan exigir:

  • Respaldo total de las stablecoins

  • Auditorías periódicas

  • Reglas claras para emisores y custodios

Lejos de frenar el mercado, el informe sostiene que estas reglas pueden acelerar la adopción. Con mayor certidumbre legal, bancos, fintechs y grandes empresas podrían integrar stablecoins a sus sistemas de pago y tesorería.

El próximo paso: dinero programable

Más allá del volumen actual, Coinbase pone el foco en lo que viene. Las stablecoins no solo representan valor: son programables. Eso permite automatizar pagos, liquidaciones y contratos, algo imposible con el dinero tradicional.

El informe anticipa que este rasgo será clave para nuevos modelos de negocio, desde comercio digital hasta pagos entre máquinas o agentes de inteligencia artificial. En ese escenario, las stablecoins funcionarían como la capa monetaria nativa de la economía digital.

La conclusión es clara: las stablecoins ya no son una promesa ni un experimento. Con cientos de miles de millones de dólares en juego y un uso cada vez más cotidiano, se están consolidando como una de las transformaciones financieras más relevantes —y menos ruidosas— de los últimos años.

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