- La mayoría de las stablecoins no sobrevivirá, explica un reciente análisis que encendió las alarmas
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Actualmente, Tether (USDT) y Circle (USDC) dominan el 86% del sector, y ese cupo se mantendría hasta 2030
- A medida que se integran a pagos y crédito, surgen riesgos que marcan su etapa de maduración
El uso de stablecoins como medio de pago y reserva de valor continúa expandiéndose a nivel global, impulsado por su facilidad de uso, su disponibilidad permanente y su creciente integración con billeteras y plataformas de pago.
Sin embargo, un reciente análisis de la consultora Artemis Analytics encendió señales de atención sobre ciertos riesgos que podrían intensificarse a medida que estos activos se integran con mayor profundidad al sistema financiero, especialmente a través del crédito y las plataformas DeFi.
El informe no pone en duda el rol central que las stablecoins ocupan como «dólares digitales», sino que advierte sobre las tensiones que aparecen cuando su adopción avanza más rápido que la infraestructura y los marcos de protección. En ese punto, el desafío ya no es tecnológico, sino sistémico.
El desfasaje
Uno de los focos señalados por los analistas es el riesgo de desacople temporal del valor. Aunque las stablecoins están diseñadas para mantener una paridad uno a uno con el dólar, la experiencia reciente muestra que, en escenarios de estrés, esa relación puede romperse.
Casos como el de USDT en 2018, el de USDC durante la crisis del Silicon Valley Bank en 2023 o el episodio de USDe a fines de 2025 dejaron en claro que la estabilidad depende, en buena medida, de la liquidez del mercado secundario y del accionar de inversores institucionales. La mayoría de los usuarios minoristas no puede redimir sus tokens directamente con el emisor y debe operar en exchanges, donde el precio puede desviarse del valor teórico justo cuando la demanda de liquidez aumenta.
Para Artemis, este punto es clave: a mayor uso cotidiano de stablecoins, mayor es el impacto potencial de estos descalces temporales, incluso si luego el precio se normaliza.
Crédito y apalancamiento
El segundo eje del análisis se concentra en el uso de stablecoins como base del crédito dentro del ecosistema DeFi. Allí, estos activos funcionan como el “combustible” de estrategias financieras apalancadas, principalmente vinculadas a la compra de criptoactivos.
Plataformas como Aave permiten niveles de préstamo sobre valor muy elevados, lo que amplifica ganancias en mercados alcistas, pero también acelera liquidaciones cuando los precios caen. En ese contexto, una corrección relativamente moderada puede desencadenar ventas forzadas en cadena, presionando la liquidez del sistema.
El informe remarca que este mecanismo no es necesariamente un problema en sí mismo, pero se vuelve más sensible a medida que las stablecoins se presentan como instrumentos de bajo riesgo, especialmente para usuarios que las utilizan como ahorro o como alternativa al dólar bancario.
Un ecosistema sin red de contención tradicional
A diferencia del sistema financiero clásico, las plataformas DeFi no cuentan con seguros de depósitos ni con un prestamista de última instancia. Si el valor del colateral cae de forma abrupta y las liquidaciones no alcanzan para cubrir los préstamos, los prestamistas pueden enfrentar demoras o pérdidas.
Artemis subraya que esta diferencia estructural no invalida el modelo, pero sí exige una comprensión más clara del riesgo. En la medida en que las stablecoins se integran con pagos, comercio y transferencias internacionales, las tensiones del mundo cripto pueden empezar a rozar la economía real.
Integración antes que emisión
En paralelo, el análisis destaca que la expansión de las stablecoins no parece pasar por la proliferación de nuevos emisores, sino por su integración en los carriles de pago existentes. Hoy, el mercado está fuertemente concentrado en unos pocos activos que funcionan “en todas partes”, lo que refuerza los efectos de red y reduce la fragmentación.
Empresas como Stripe optaron por integrar stablecoins consolidadas en lugar de emitir las propias, mientras que otras, como PayPal o Klarna, utilizan sus tokens de forma estratégica y acotada. La tendencia es clara: la utilidad pesa más que la marca.
La conclusión del informe es que las stablecoins están entrando en una nueva fase. Ya no se trata solo de adopción, sino de cómo se gestionan los riesgos en un entorno donde regulación, pagos y finanzas descentralizadas empiezan a superponerse.
En esa tensión se juega la próxima etapa de las stablecoins, una tecnología que ya demostró su potencial y ahora enfrenta el desafío de madurar sin perder estabilidad.





