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Nuez es la fintech argentina que se propone sumarle una billetera a cada agente de IA
El «neobanco agéntico» Nuez ya opera en beta privada: transferencias con CVU propio, límites configurables y aprobación humana para los montos grandes. La promesa es automatizar pagos; el desafío es hacerlo sin ceder el control total del dinero.
La conversación sobre IA en pagos suele dividirse entre dos extremos: el asistente que sugiere y el sistema que ejecuta sin supervisión.
Nuez es una startup argentina fundada por Hernán Gips —con paso por Trust Wallet, la billetera sin custodia de Binance— y Sebastián Camiser como CMO —ex Buenbit, encargado del desembarco de Kraken en Argentina—, apuesta a un punto intermedio: una infraestructura financiera pensada para que la operen agentes de software, con reglas explícitas sobre qué pueden hacer solos y cuándo necesitan permiso.
La compañía la define como el primer «neobanco agéntico» del país. El término alude a algo más específico que un chatbot financiero: un agente puede recibir un objetivo, leer una factura, verificar un monto y disparar una transferencia, sin que un humano toque una aplicación bancaria en el proceso.
Qué hay disponible hoy (y qué todavía no)
Conviene separar el anuncio de lo que efectivamente funciona. Nuez opera en beta privada, sobre infraestructura de prueba, con lista de espera orientada a desarrolladores y empresas. De los módulos proyectados, solo dos están activos: una billetera prepaga con CVU propio y el envío de pesos a CBU, CVU o alias. La cuenta puede fondearse desde un banco u otras billeteras, incluidas Mercado Pago y Ualá.
El resto —pago automático de servicios, tarjetas virtuales de un solo uso, inversiones y operatoria con stablecoins— figura en el roadmap, no en producción. La compañía fue explícita en este punto ante los medios que cubrieron el lanzamiento: la plataforma no crea agentes, sino la capa financiera que un agente construido sobre modelos como ChatGPT, Claude o Gemini necesita para pagar y cobrar.
El mecanismo detrás de la promesa
El punto que distingue a Nuez de una delegación bancaria completa es el motor de políticas. El usuario define topes por operación, por día, por mes y un máximo absoluto, además de listas de destinos permitidos. Dentro de esos límites, el agente ejecuta sin intervención; fuera de ellos, la operación queda pendiente hasta que el titular la aprueba por WhatsApp o Telegram.
Es una arquitectura de compromiso: ni la contraseña bancaria en manos de una IA —el escenario que la propia compañía busca evitar explícitamente—, ni una fricción de aprobación manual en cada micropago. La conexión se realiza vía API o mediante un servidor MCP (Model Context Protocol), el estándar que permite a los modelos de lenguaje invocar herramientas externas.
El esquema de límites reduce la exposición, pero no la elimina. Especialistas que analizaron el lanzamiento identifican al menos tres frentes sensibles: la manipulación de instrucciones cuando un agente procesa correos o documentos externos (prompt injection), los errores de interpretación de montos o destinatarios, y la pregunta —todavía sin resolución legal clara— sobre quién responde si un agente ejecuta mal una orden: ¿el usuario, el desarrollador del agente, el proveedor del modelo o la billetera que procesó el pago?
Ese vacío regulatorio no es exclusivo de Nuez; es el mismo que enfrenta cualquier actor que empuje la frontera entre «asistir» y «ejecutar» decisiones financieras. La diferencia es que acá el dinero real ya está en juego, aunque todavía en escala acotada.
La apuesta de fondo: infraestructura
Nuez no compite, al menos por ahora, con Mercado Pago o los bancos tradicionales por usuarios finales. Su apuesta es distinta: ser la capa que esas entidades todavía no ofrecen de forma abierta a los agentes de IA, y llegar antes de que las billeteras grandes construyan lo mismo puertas adentro. Los próximos pasos declarados por la compañía incluyen el pago automático de facturas —con lectura de vencimientos vía correo electrónico—, tarjetas prepagas descartables para reducir la exposición de datos en comercios, y servicios cripto con conversión en ambos sentidos entre pesos y stablecoins.
La expansión regional prevista arranca por Brasil, México y Colombia, en un mercado que —según estimaciones de Market&Markets sobre IA agéntica en América Latina— proyecta a Argentina como uno de los países con mayor participación de la región hacia 2030.
El caso de Nuez funciona, en definitiva, como un primer test de campo para una pregunta más amplia que atraviesa a toda la industria fintech: cuánta autonomía financiera está dispuesto a delegar un usuario —o una empresa— en un agente de IA, y qué controles hacen falta para que esa autonomía no se convierta en un riesgo sistémico.

